Siempre hay un comienzo
Como nació la inspiración
A veces me pregunto por qué comencé a hacer muñecas, puedo
recordar un momento histórico de mi vida para determinar como el inicio de
esta afición o arte, fue cuando tenía 12 años y viajé a Disney World de
vacaciones con mi mamá.
Me llamó mucho la atención ver en las tiendas cajones con
muchas muñecas de trapo, de diferentes tamaños y colores, hechas en algún país
de oriente, eran de estilo naif, muy simples, con vestuarios y gorros, tipo “casa
en la pradera”, eso me encantó, ya que en chile era difícil ver tantas muñecas
de trapo juntas, más bien era la Barbie la que
se llevaba todos las luces, y por supuesto que tenía las mías, pero
nunca nada igual a la muñeca de trapo.
Solo recibí una negra cuando tenía 4 años la que me regaló
una amiga de la familia, yo dormía con ella hasta que se descosió y comenzaron
a salirse los rellenos de colores que tenía dentro, eso le daba cierto aire
tétrico, ya que se le veían las “tripas” por así decirlo, sin embargo era mi
“negra” y nada me separaba de ella, hasta que un día incierto desapareció,
comentarios dicen que fue a dar a la basura, en aquel tiempo no tenía el
control sobre mis pertenencias, entonces creo no me pude responsabilizar de su
desaparición, solo sé que reinaba una cierta desazón por su pérdida.
Ese es el recuerdo más intimo que tengo de mi primera muñeca
de trapo y nunca la olvidaré.
Retomando la historia de ese viaje memorable,al regreso me apliqué a
replicar este tipo de muñecas, ese era
mi modelo a seguir, afortunadamente en mi casa siempre hubo una máquina de
coser y con lo que tuve a mano me lancé a hacer unas tres por lo menos, que
vendí a amigos de la familia, gran cosa
esa de poder hacer algo con las manos y que sea un objeto figurativo.
Siempre tenía cerca a un primo menor, que me seguía en todo
y quiso sumarse a esta fiebre “muñequil”, un día me encontraba enferma en cama
y él me dedicó con todo su cariño a Lola una fantasma azul que hizo a mano como pudo, y que hasta el día de hoy guardo por que está hecha desde el corazón.
Al ver a lola me impresioné pues era una prueba no menor para
un niño concebir un personaje como
regalo que pudiera acompañar, desde ahí creo que pienso en mis muñecas, como
objetos emocionales.

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